Siete años después de Cooper, y cinco después de Peyton, nació Eli, el benjamín de los hijos de Archie Manning.

Eli desembarcó hoy en la ciudad de Peyton, listo para igualar lo que hizo el mariscal de los Colts –jugar dos Super Bowls– y tal vez conseguir lo que el QB de Indy no logró: ganar los dos.

Era inevitable que varias de las primeras preguntas que se le hicieran al mariscal de los Giants, al bajar del avión en Indianapolis, estuvieran relacionadas con su hermano.

Para mí es material de significativo valor, porque agrega otro capítulo a la historia que alguna vez escribí sobre esta peculiar familia.

Así como en ese relato cedí la palabra a Archie, a partir de este punto dejaré que hable Eli Manning.

Cuando éramos niños, Peyton me tiraba al piso y me daba con los nudillos en el pecho. Me hacía decir el nombre de las escuelas de la SEC (Southeastern Conference). No paraba, hasta que yo nombraba las 12. Al principio no las sabía todas, pero me instruí rápido. Fue una excelente técnica de enseñanza. No les sugiero que la practiquen, pero a mí definitivamente me sirvió para aprender las escuelas de la SEC.

Una vez que resolví ese punto, Peyton pasó a otra cosa.

Lo que siguió fueron los equipos de la NFL. Había 28 en aquella época. Tuve que estudiar y memorizarlos. Cuando lo hice, Peyton encontró algo que nunca pude internalizar: marcas de cigarrillos. Si realmente quería torturarme, me preguntaba marcas de cigarrillos. Yo no conocía muchas, así que empezaba a gritar para que mi madre o mi padre vinieran a salvarme, o mi hermano Cooper.

Ver a Peyton marginado por una lesión me hace apreciar lo preciosa que es cada temporada y cada oportunidad. Nunca sabes cuándo tendrás otra oportunidad de jugar un Super Bowl. Nunca sabes cuándo se acabará una temporada para ti, ni cuándo terminará tu carrera.

No es sólo Peyton. He visto a numerosos compañeros sufrir lesiones y perderse una campaña o verse obligados a retirarse. Esas cosas suceden.

Cuando en una temporada sientes que tienes un buen equipo, buenos jugadores a tu alrededor, con la posibilidad de ganar un campeonato, no quieres dejar escapar la oportunidad, porque no sabes si volverás a tener otra.

Cuando Peyton ganó el Super Bowl, vi una alegría en él que nunca antes había visto. Jamás había tenido una sonrisa como esa en su rostro… y le duró varios meses.

Sentí celos.

Siempre quise ganar un campeonato, pero después de ver a Peyton lograrlo, después de ver ese gesto de alivio en su cara por meses, quise ganarlo todavía más.

Su triunfo tuvo un gran impacto en mi carrera.

No hay mejor sensación que ganar un Super Bowl. No hay mejor sensación, desde un punto de vista profesional, que saber que esa temporada hiciste tu trabajo mejor que los demás.

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